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La tularemia

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Aunque la tularemia es una enfermedad presente en Asia, Europa y América del Norte, por suerte no es muy común y si nuestro conejo permanece en el interior del hogar va a ser difícil que la contraiga. Aun así, en este artículo de ExpertoAnimal hablaremos de la tularemia en conejos, cómo se produce, cuáles son sus síntomas y cómo podemos tratarla y prevenirla. De esta manera evitaremos que nuestro conejo contraiga una patología que puede resultar mortal y que, además, es un zoonosis, es decir, una enfermedad transmisible a los humanos.

¿Qué es la tularemia?

Se trata de una enfermedad bacteriana provocada por la Francisella tulariensis. Puede afectar a lagomorfos y roedores, que van a actuar como reservorio, y a ganado, gatos, perros o seres humanos. Además, puede transmitirse de manera directa al entrar en contacto con animales o ambientes contaminados o mediante la intervención de un vector, es decir, una animal intermediario que puede ser una garrapata, un mosquito o tábanos.

La bacteria es muy resistente en el ambiente, aguantando incluso temperaturas bajo cero y limpiezas con lejía. Puede vivir semanas o meses. En cambio, muestra sensibilidad a desinfectantes comunes y a la luz del sol. La principal característica de la tularemia en conejos es que estos pueden permanecer asintomáticos y morir de manera repentina.

¿Cómo se contagia la tularemia en conejos?

Los conejos pueden contraer la tularemia al entrar en contacto con ambientes contaminados, ya que la bacteria puede encontrarse en el suelo, en vegetación o en el agua. También puede producirse el contagio si ingieren alimentos o agua infectada. Pero, además, la tularemia en conejos puede contraerse por inhalación y, muy importante, por la picadura de vectores.

Un conejo que tengamos dentro de casa va a ser difícil que pueda enfermar, pero no por ello debemos descuidar su protección. La tularemia puede afectar a los seres humanos, que se van a contagiar, básicamente, de la misma manera que los conejos, es decir, por picaduras, mordeduras, contacto con objetos contaminados que produzcan rozaduras o cortes. La bacteria también puede ingresar al organismo por vía conjuntival, respiratoria o digestiva, provocando una sintomatología diferente.

Síntomas de la tularemia en conejos

La tularemia en conejos puede pasar asintomática y producir un cuadro de infección generalizada que llega a causar la muerte súbita del animal. En los casos más leves podremos observar síntomas como fiebre, debilidad generalizada, úlceras o abcesos. Además, el comportamiento del conejo puede cambiar. Los enfermos tienden a agruparse y presentan una capa de pelo áspero, con mal aspecto.

En los seres humanos suele producir escalofríos, dolores en músculos y articulaciones, cefaleas, vómitos, etc. Así mismo, dependiendo del punto de entrada se manifestarán síntomas específicos. Por ejemplo, en el caso de picaduras de vectores, puede haber úlceras y necrosis en el punto de inoculación e inflamación del ganglio más cercano. Si la entrada es por vía respiratoria se produce neumonía. Por vía digestiva, gastroenteritis. Los individuos que superan la tularemia mantienen inmunidad durante años, aunque, pasado un tiempo, podría producirse una nueva infección.

Tratamiento de la tularemia en conejos

La tularemia en conejos, como enfermedad bacteriana que es, se combate con antibióticos que debe recetar el veterinario una vez confirmado el diagnóstico. De momento, no existe vacuna para la tularemia. Dado que se trata de una patología potencialmente mortal, la prevención resulta nuestra mejor arma. En el siguiente apartado detallaremos las medidas preventivas.

¿Cómo prevenir la tularemia en conejos?

Para evitar la tularemia en conejos pero, también, en seres humanos, conviene observar las siguientes pautas:

  • Evitar el contacto con animales que desconozcamos y tengan mal aspecto.
  • Mantener a los conejos en el interior.
  • Lavarse bien las manos.
  • No beber aguas de las que se desconozca la procedencia.
  • Lavar bien frutas y verduras.
  • Cocinar adecuadamente las carnes.
  • Desparasitar o emplear repelentes para evitar la transmisión por vectores. Para ello, recomendamos revisar el artículo "Los mejores productos para desparasitar conejos".
  • Utilizar guantes si debemos manipular cadáveres o animales aparentemente enfermos.
  • Como siempre, acudir al veterinario o médico ante cualquier síntoma sospechoso.

Consulta el artículo sobre "Las enfermedades más comunes en conejos" para ofrecer una correcta medicina preventiva general a tu peludo compañero, ya que no solo la tularemia puede afectarles.

Este artículo es meramente informativo, en ExpertoAnimal.com no tenemos facultad para recetar tratamientos veterinarios ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a que lleves a tu mascota al veterinario en el caso de que presente cualquier tipo de condición o malestar.

Si deseas leer más artículos parecidos a Tularemia en conejos - Síntomas y tratamiento, te recomendamos que entres en nuestra sección de Enfermedades bacterianas.

(Fiebre de los conejos, fiebre de los tábanos)

, MD, Charles E. Schmidt College of Medicine, Florida Atlantic University

Pueden ser causa de la infección la manipulación de cadáveres, la picadura de una garrapata, la inhalación de partículas vaporizadas infectadas y comer o beber material infectado.

Entre los síntomas figuran fiebre, úlceras e inflamación de los ganglios linfáticos.

Para establecer el diagnóstico, los médicos realizan cultivos de muestras de tejido o de sangre.

Las inyecciones de antibióticos casi siempre son efectivas.

La prevención de las picaduras de garrapata, el cuidado en el manejo de los cadáveres y la desinfección del agua reducen el riesgo de tularemia.

Francisella tularensis suele estar presente en animales, especialmente roedores, conejos y liebres. Las vías de contagio de las personas pueden ser las siguientes:

Manejar cadáveres de reses infectadas o animales muertos (como cuando los cazadores despellejan los conejos, o cuando los carniceros, agricultores, peleteros y trabajadores de laboratorio manipulan animales o productos de origen animal)

Sufrir la picadura de una garrapata infectada, un tábano u otros insectos, habitualmente durante el verano (especialmente en niños)

Comer o beber alimentos contaminados (como carne de conejo poco cocida) o agua no tratada

La inhalación de partículas en el aire que contengan la bacteria (como cuando al segar la hierba se pasa por encima del cadáver de un animal infectado o cuando se manipulan las bacterias en el laboratorio)

Francisella tularensis es un arma biológica potencial, la bacteria se transmite por el aire y puede ser inhalada. El tamaño de las partículas en el aire determina dónde se alojan en el tracto respiratorio las partículas pequeñas se alojan en los alvéolos pulmonares y causan neumonía.

La tularemia no se contagia de persona a persona.

Diseminación a través del torrente sanguíneo

La infección puede propagarse a través del torrente sanguíneo e infectar:

Los pulmones (causando neumonía)

La membrana situada alrededor del corazón (y provocar pericarditis)

La membrana que recubre la cavidad abdominal (y provocar peritonitis)

Las válvulas cardíacas

El tejido que cubre el encéfalo y la médula espinal (y causar meningitis)

A veces se acumula pus en los pulmones, formando un absceso.

Ulceroglandular

Es el tipo más frecuente. Aparecen llagas abiertas y dolorosas allí donde las bacterias han penetrado en la piel: a través de una ruptura en la piel, generalmente en las manos y los dedos, o una picadura de garrapata, por lo general en la ingle, las axilas o el tronco.

Las bacterias se desplazan a los ganglios linfáticos cercanos, provocando hinchazón y dolor. En algunos casos, la piel alrededor de los nódulos linfáticos se rompe y supuran pus.

Los ganglios linfáticos se inflaman y duelen, pero no forman úlceras.

Orofaríngea

La garganta (faringe) duele y los ganglios linfáticos del cuello se hinchan. Algunas personas también tienen dolor abdominal, náuseas, vómitos y diarrea.

La tularemia orofaríngea generalmente se produce al ingerir carne contaminada poco cocida.

Se desarrollan escalofríos, fiebre alta y dolor abdominal, pero no se forman úlceras y los ganglios linfáticos no se hinchan.

La tularemia tifoidea se desarrolla cuando la sangre está infectada. A veces la fuente de infección es desconocida.

Los pulmones están infectados. Las personas tienen tos seca, falta de aliento y dolor torácico.

La tularemia neumónica es causada por la inhalación de la bacteria o su propagación a los pulmones a través del torrente sanguíneo, y se desarrolla en alrededor del 10 al 15% de las personas con tularemia ulceroglandular y en el 50% de las personas con tularemia tifoidea.

Septicémica

Este tipo poco frecuente es el más grave. Es una enfermedad que afecta todo el organismo y que se desarrolla cuando las bacterias se propagan a través del torrente sanguíneo y causan la disfunción de muchos órganos.

La presión arterial es baja, los pulmones se llenan de líquido y los factores de coagulación de la sangre se agotan, causando hemorragia (coagulación intravascular diseminada).

Pronóstico

Con el tratamiento adecuado, casi todos los afectados se recuperan. Sin tratamiento, la mortalidad oscila entre el 6% en personas con tularemia ulceroglandular y hasta el 33% en personas con tularemia tifoidea, neumónica o septicémica. La muerte generalmente es consecuencia de una infección masiva, neumonía, meningitis o peritonitis.

Las recaídas son poco frecuentes pero pueden ocurrir si el tratamiento es inadecuado. Las personas que han tenido tularemia son inmunes a la reinfección.

Diagnóstico de la tularemia

Cultivo y análisis de muestras de sangre y/u otros líquidos infectados

El médico sospecha la presencia de tularemia en una persona que presente fiebre repentina, aumento del tamaño de los ganglios linfáticos y las características ulceraciones después de haber estado expuesta a garrapatas o a tábanos, o de haber tenido un contacto incluso ligero con un mamífero salvaje (en especial un conejo).

Se toman muestras de material infectado, como sangre, fluidos de un ganglio linfático, pus de las úlceras o esputo. Las muestras son enviadas al laboratorio para realizar un cultivo bacteriano. También se puede analizar la sangre para detectar anticuerpos frente a la bacteria.

Prevención de la tularemia

Si se visita una zona donde la tularemia es frecuente, se deben seguir las siguientes recomendaciones:

Aplicar en la piel expuesta repelente contra insectos que contenga de 25 a 30% de dietiltoluamida (DEET)

Vestir prendas tratadas con un repelente que contenga permetrina

No salirse de los caminos y senderos en áreas boscosas

Caminar por el centro del camino para evitar el roce con arbustos y malezas

Llevar pantalones largos y meterlos dentro de los calcetines y las botas

Buscar garrapatas exhaustivamente en la ropa, en el cuerpo, en otros miembros de la familia y en las mascotas

No beber o bañarse, nadar o trabajar en agua sin tratar, que podría estar contaminada

La localización inmediata de garrapatas ayuda a evitar la infección, ya que la transmisión por lo general requiere que las garrapatas permanezcan adheridas durante 4 o más horas. En caso de encontrarse garrapatas, deben arrancarse de inmediato (ver Cómo evitar la picadura de las garrapatas).

Cuando se manipulan conejos y roedores, debe usarse ropa de protección (como guantes de goma y mascarillas) porque pueden tener infestación bacteriana. Las aves silvestres y de caza deben consumirse muy bien cocidas.

En la actualidad, no existe ninguna vacuna disponible, pero algunas se encuentran en fase de estudio. Después de la exposición a la bacteria (por ejemplo, después de un accidente de laboratorio), se administran antibióticos como doxiciclina o ciprofloxacino para evitar que se desarrolle la infección.

Video: Tularemia (Septiembre 2021).

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